dijous, 29 de novembre de 2012

Me miraba

Me miraba.
Igual que miraba a todos
y era tan sólo una falsa invención,
un mentiroso instinto
de su amor hacia mi.

Me miraban los demás
pero ella era la única
que me daba vueltas.
Des del sur hacia el norte,
me observaba.

Por las mañanas más dormida,
cubierta por la luz, y de noche
más salida, era ella mi candela.
El vapor se iluminaba,
empujado por el viento,
dejando su entorno pulcro,
digno de su belleza.

Y esa mirada me dejaba impar,
sin igual,
y me hacía olvidar el frío
que tan bonita la engendraba.

Era una vela cuya llamarada
no se llevaban los aires,
cuya cera no se turbaba,
cuyos hombres todos amaban.
¡Ay, Luna! que nunca toqué tu carne.

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