dimecres, 29 d’agost de 2012

Sensible como una piedra


Sensible como una piedra.
Como un faunicida,
como alma asesina
que nada respeta.

Quien tan solo se interesa
por lo que quizá piensas,
por sus ávidas costumbres,
enemigo de la naturaleza.

Sensible como la madera
a quien sierras y no se queja.
Yo nunca me quejo,
aunque noto tus dientes, princesa.

Sensible como el hierro,
tan débil cuando quema,
también me forjas resistencia
si me ahogo en tu batea.

Desde que me martilleas
el yunque es mi litera.
Pero yo, insensible,
no muestro protestas.

Insensible es mi apariencia
por no llorar tus necias miserias
ni esparcir tus tintas negras.
Madura y seré sensible, princesa.