divendres, 28 de desembre de 2012

Solo, yo solo, sí.

Solo, yo solo, sí.
A lo lejos veía indicios
de sociedad.

A diez minutos
de los minutos,
de la ciudad,
de los bienes absurdos...

Solo, yo solo, sí.
Aquí el tiempo inexistente
me lo daba el mar.

Al igual que al tronco
estirado en la duna,
agradecido a la naturaleza
por darme su hogar,
me arropaba la arena
y me hacía de cuna,
tomando mi sombra como moldura.

Solo, yo solo, sí.
Y sólo en el perecer de dos olas
derrumbé mi paz.

El viejo tronco surcaba el desierto
por orden de gravedad,
y sólo en el perecer de dos olas
se derrumbaron mareas,
años para vosotros,
de arena cubriendo
al árbol de la verdad.

Casi enterrada la bola  de algún chiquillo,
que habría surcado hasta desembarcar,
pero los niños se hacen mayores
y los juguetes se hacen olvidar.

Solo, yo solo, sí.
Aunque a veces oí alguna nota,
de un herrerillo cantar.

dissabte, 22 de desembre de 2012

Caen las hojas

Caen las hojas
como cae mi pelo
y las ramas de mi cabeza
ya no ocultan a los pájaros,
tan cobijados como el faunicida
que llegó a vaciar mi espacio.

Nunca acaba.
La agonía.
Y aunque ya me lo esperaba
pero nunca la sentía,
inventé varias salidas
entre las murallas. Pero nada.

Nada queda.
Ni seis versos.
Nada más que pensamientos
y paranoias de mi ingenio,
hasta que llegue la dama
que me muestre afecto.

dijous, 13 de desembre de 2012

Vida y luego muerte

Vida y luego muerte
cuando cierras tus pestañas,
cuando cierras tus palabras.
Vida, ¿y luego qué?

Muerte y luego vida
cuando de ti no sé nada
y de repente, una mañana...
Vida, ¿y luego qué?

Vida tan efímera
que no da tiempo a gozarla.
Vida, ¿y luego qué?
Muerte y nada más.