dijous, 4 d’agost de 2011

No sirves para nada

Cuando yo era pequeño
estaba siempre triste
y mi padre decía
mirándome y moviendo
la cabeza: hijo mío
No sirves para nada.

Después me fui al colegio
con pan y con adioses
pero me acompañaba
la tristeza. El maestro
graznó: pequeño niño
No sirves para nada.

Vino luego la guerra
La muerte –yo la vi-
Y cuando hubo pasado
y todos la olvidaron
yo triste seguí oyendo:
No sirves para nada.

Y cuando me pusieron
los pantalones largos
la tristeza enseguida
cambió de pantalones.
Mis amigos dijeron:
No sirves para nada.

En la calle, en las aulas
odiando y aprendiendo
la injusticia y sus leyes
me perseguïa siempre
la triste cantinela:
No sirves para nada.

De tristeza en tristeza
caí por los peldaños
de la vida. Y un día
la muchacha que amo
me dijo y era alegre:
No sirves para nada.

Ahora vivo con ella
voy limpio y bien peinado.
Tenemos una niña
a la que a veces digo
también con alegría:
No sirves para nada.


José A. Goytisolo

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