dissabte, 15 de febrer de 2014

La cara de la Luna

Ya no es mi doncella
sino el sabor de labios,
ni son sus ojos puros
sino la profunda mirada
de una dama.
Si amenaza con jaque,
me hará mate en dos jugadas.

Eres el momento
en que la brisa me abruma
frente el Sol en el balcón
de roca desnuda,
mientras los ciclámenes
proyectan en mi faz
sombrosa figura
y alivian el despecho
de mi falta de ternura.

Cuando bajan las horas
y me alumbra la Luna,
es un cuento enloquecido
donde el color abusa
de una fuerza de atracción
por la que soy cautivo,
pues me captura esa esfera
con rostro de musa.

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